Coahuila
Por
Zócalo
Publicado el miércoles, 11 de febrero del 2009 a las 18:50
Se encontron tambos que mostraban su reciente uso, así como varias tumbas clandestinas
Arteaga, Coah.- Sonó el teléfono y una voz avisó que en una finca cercana al Cañón de La Roja estaban unos cuerpos sin vida; lo que nunca imaginó quien contestó la llamada fue que ese reporte provocaría el hallazgo de un narcocementerio.
La llamada movilizó a toda una unidad de patrullaje de la Sexta Zona Militar, quienes subieron a un camión Mercedes Benz y se trasladaron al poblado en Arteaga. Alrededor de las 11:00 horas llegaron.
En la puerta de la entrada encontraron una especie de mapa, tenía un mensaje y además contaba con las indicaciones: cada punto era una fosa, que hasta ayer dejó de ser una tumba clandestina.
Quien llevaba el mando de la tropa no tuvo dificultades para reportar los hechos a sus superiores y pedir el apoyo de la Procuraduría General de Justicia del Estado, ya que a 200 metros de la brecha, y tras caminar un par de pasos, encontraron los primeros indicios de que estaban ante un narcocementerio.
Ante el temor de que se tratara de una emboscada, los militares se apostaron en los alrededores mientras llegaban los refuerzos, y portando sus armas largas patrullaron el sitio.
Poco a poco llegaron policías ministeriales, después de las 13:00 horas, quienes acudieron encabezados por el ex militar Jesús Ernesto Estrada, quien solicitó a los soldados mantener el resguardo de la finca, enclavada en la boscosa sierra de Arteaga.
Mientras tanto, en las sedes de la Delegación Sureste de la PGJE y en la de la Agencia del Ministerio Público de Arteaga, peritos y ministerios públicos se preparaban para trasladarse y tomar conocimiento de los hechos.
De ese modo la Dirección General de Servicios Periciales dispuso que todo su personal en la Región Sureste se trasladara a ese sitio, porque tendría que hacerse el levantamiento no sólo de objetos y restos humanos; además tenían que acreditarse una serie de pruebas periciales de campo.
Antes de que los peritos salieran de sus oficinas, se dio la orden de que llevarán consigo sus chalecos antibalas, en tanto que la misma orden se les dio a los policías ministeriales, varios de ellos tuvieron que cargar toda la tarde con su arma larga, ante el temor de una emboscada.
La comandancia de la Sexta Zona Militar envió desde el 69 Batallón de Infantería un equipo de comunicaciones, quien se encargó de transmitir información a su base en torno al hallazgo, en el que ellos reportaron en clave que había por lo menos dos cuerpos calcinados.
‘¡RETÍRENSE DE AQUÍ!’
Poca era la visibilidad desde el exterior de la finca; los militares, so pretexto de orden de sus superiores, señalaron que no permitirían el acceso de reporteros, camarógrafos o fotógrafos. Incluso exigían que no se les captara en imágenes.
Con la llegada de los primeros reporteros algunos se replegaron y dispersaron; sólo una tercia quedó en el frente y uno de ellos alzando la voz exigió la retirada.
“¡Retírense de aquí!”.
“No nos vamos a ir; primero no nos dejas pasar y ahora nos quieres correr”, le dijeron al unísono, y así se replegó.
Minutos después quien iba al mando de los militares mandó llamar a un representante de los reporteros, al que le explicó que por órdenes del agente del Ministerio Público quedaba prohibido el acceso a la prensa.
“No queremos que entren, porque toda la zona está en revisión; tenemos que ubicar el mínimo indicio, y además tenemos que remover tierra y no sabemos qué encontremos”, dijo una fuente de la PGJE.
En condiciones como éstas, cuando se trata de actos de grupos organizados, los policías optan por cubrirse el rostro, no hablan ni emiten opiniones. Ni siquiera su jefe, Jesús Ernesto Estrada, mando operativo de esa corporación, quiso hacerlo, y sólo permaneció el tiempo necesario.
Alrededor de las 16:00 horas abordó una camioneta Dodge Durango color blanco y se retiró para rendir personalmente un informe al procurador Jesús Torres Charles.
Se fue y dejó la orden clara; sólo funcionarios entrarían a la finca, y todo aquel que lo intentara debía ser arrestado.
En el exterior, conforme avanzaban las horas, más representantes de los medios de comunicación se congregaron y se fueron retirando conforme avanzaba la tarde, pues lo oscuro del sector y la abundante arbolada complicaban la visibilidad.
EL NARCOCEMENTERIO
Dentro de la finca prevalecía incesantemente un ir y venir de peritos, policías y Ministerios Públicos, casi todos con experiencia en el área de Homicidios tanto de Saltillo, Arteaga y Ramos Arizpe.
El mínimo objeto sería levantado, y todo el sitio tenía que ser dimensionado y reportado en croquis, actas, dibujos y descripciones de cada cosa.
Muchos llegaron sin comer; a otros les pidieron un alto a sus actividades y la mayoría llegó sin chamarra, por lo que conforme avanzaron las horas el intenso frío –el de la temporada y el que se siente a esas alturas de la sierra– comenzó a fustigarlos.
También la escasa luz impactó en sus trabajos, no pudieron más que asegurar algunos objetos, los cuerpos calcinados y esposados, así como seis tambos de 200 litros.
“Aquí la pasaremos seguramente de uno a dos días; tendremos que inspeccionar toda la zona hasta la parte alta de la sierra para encontrar restos humanos y todo aquello que sea una pista”, dijo un policía ministerial.
Fotografías de cada espacio, de cada tramo, no pudieron faltar, y los hallazgos provocaron el asombro y la preocupación de quienes trabajan en la Procuraduría.
“Jamás había imaginado que existiera algo así; yo pensé que sólo en Tijuana o Sinaloa pasaba esto”, dijo uno de los policías ministeriales que durante la tarde de ayer estuvo presente en las diligencias ministeriales, diligencias en las que se tendrá que incluir las excavaciones con pico y pala para remover alguna de las siete fosas oficialmente encontradas.
Al caer la noche el frío se tornó más intenso, dificultando los trabajos de los funcionarios, y además la escasa luz tornaba inútil el seguir ahí.
Mientras más medios de comunicación llegaban, más reporteros se trasladaron al lugar de los hechos, y a su vez otro convoy de militares se trasladaba anoche para relevar a sus compañeros.
En medio de la nada, la alejada finca irónicamente cobraba vida entre el efímero ir y venir de múltiples policías, peritos y ministerios públicos; todos con la sospecha de que jamás tendrán indicios fidedignos de lo que se hacía ahí, ni cuánto tiempo tenía operando, ni cuántas personas fueron victimadas. Difícilmente se conocerá la verdad del narcocementerio.
EL DATO:
Elementos / Autoridades
150 Ejército Mexicano (Sedena) NOTICIAS RELACIONADAS:
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